En un humilde y recóndito lugar de la capital de la Argentina
llamado Villa Fiorito nació un pibe que pronto perdería
para siempre su anonimato. Hijo de un trabajador argentino y
de una emigrante italiana, Diego Armando Maradona vino al mundo
el 30 de octubre de 1961. Todo era pobreza alrededor del pequeño
Diego, un escurridizo niño que tenía como mejor
amigo una pelota que le regaló su tío.
La primera camiseta que portó la futura estrella fue
la del Estrella Roja, el equipo de su barrio, en el que deslumbró
a su entrenador, Francisco Cornejo, que lo llevó a
Argentinos Juniors. El padre del pibe vio futuro y dedicó
cuerpo y alma a que Diego llegase a lo más alto. Y
el pequeño, como todo el mundo sabe, no lo defraudó.
Todo lo contrario, superó con creces las expectativas
de la familia Maradona. Con 12 años, Diego Armando
se proclamó campeón de la novena división
con el ‘Cebollitas’, equipo de las divisiones
inferiores de Argentinos Juniors. Su progresión fue
fulgurante, en dos años ascendió ocho divisiones
y se plantó en primera. Primero como animador en los
descansos y más tarde como estrella del equipo, aclamado
por una afición que lo adoraba antes incluso de debutar.
Tras dos temporadas espectaculares con Argentinos, el astro
firmó por Boca Juniors, el equipo de sus amores, para
el que jugó dos años en su primera etapa. Entretanto,
debutó con la selección argentina en 1977 y
se proclamó campeón del mundo en categoría
juvenil y fue elegido, por primera vez en su vida, mejor jugador
del mundo. Su romance con Boca fue intenso pero muy corto.
En 1982, el ‘Pelusa’ saltó el charco y
fichó por el Barcelona, para el que jugó dos
temporadas en las que dejó numerosos detalles de su
clase. Aunque en el plano personal, la vida de Maradona nunca
sería la misma tras su paso por España. En 1984
sale de Barcelona reñido con su directiva y recala
en el Nápoles, donde pasaría la mejor etapa
de su carrera. En Italia, Maradona ascendió al olimpo
de los mejores jugadores del planeta.
La sureña ciudad italiana recibió al ‘Pibe
de Oro’ como a un salvador. De un equipo mediocre de
mitad de tabla, el Nápoles pasó a ser un puntero
del Calcio. En 1986 Maradona tocó el cielo. Con su
club, levantó la Copa de Italia y con su selección
se proclamó campeón del mundo en México
con una actuación antológica. Para la historia
quedarán sus goles a Inglaterra. El mejor gol de todos
los tiempos y la llamada ‘Mano de Dios’. En la
temporada siguiente, el Nápoles se encumbró
en Europa al ganar la Copa de la UEFA. Un año después
llegó el Scudetto y la boda con Claudia Villafañe,
novia de toda la vida y madre de sus hijas Dalma y Gianina.
Todo iba sobre ruedas para el astro argentino. Títulos,
buen juego y una vida social envidiable. Diego era el centro
de todo lo que hacía. Pero una ‘dama de blanco’
se cruzó en la vida del ‘crack’ y todo
se empezó a venir abajo. Contactos con el tráfico
de drogas, prostitución, un hijo con una napolitana…
multitud de problemas que se unieron a los malos resultados
del Nápoles y un positivo por cocaína que terminó
de tumbar al Diego. Su salida de Italia fue accidentada y
el jugador recaló en el Sevilla en 1992, donde apenas
pudo demostrar algunos detalles de su categoría. Despedido
antes de terminar contrato, Maradona renació una vez
más y jugó para Newell’s antes del Mundial
de Estados Unidos. En el país norteamericano, Diego
deslumbró hasta que, de nuevo, dio positivo y fue suspendido
por la FIFA.
No fue este el final de su carrera deportiva. Tras 15 meses
de suspensión, volvió para despedirse en el
equipo de sus amores. Boca lo recibió con los brazos
abiertos y Diego le regaló lo mejor del fútbol
que aun guardaban sus botas. Su retirada llevó consigo
un partido homenaje que hizo llorar a media Argentina. Una
vez fuera de las canchas, Diego Armando Maradona sigue dando
que hablar, tanto por sus recaídas físicas como
por sus resucitaciones en forma de presentador de televisión
o de hincha enfervorizado de su gran amor: el equipo de la
Boca.
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